Cristo enciende los corazones para vivir en misión todos los días

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Clausura de la Megamisión en Guadalajara, Jalisco.

Cientos de jóvenes llenos de júbilo y con sonrisas desbordadas, bajaban de los camiones que los habían transportado a las diversas comunidades donde vivieron la Megamisión 2018 durante esta Semana Santa; así que en medio de su equipaje y muchos recuerdos y anécdotas cantaron vivas para Cristo Rey.

Su arribo fue en la Hacienda La providencia, en la ciudad de Zapopan, Jalisco; lugar donde se efectuó la clausura de estas actividades; y donde también se concentraron los equipos de Juventud y Familia Misionera que también participaron de esta semana, ofreciendo su trabajo en distintas poblaciones con el único objetivo de atender el llamado que alguna vez mencionara San Juan Pablo II, por una nueva evangelización…

Con el himno Alma misionera cantada por el grupo Kayrós se dio comienzo con la celebración eucarística presidida por el p. Óscar Pérez Anaya, L.C., así como de los PP Antonio Léon, L.C. y Luis Rodrigo Núñez, L.C, quien llevó un contundente mensaje durante su homilía.

“Me gustaría ser místico y entender el corazón de Cristo y poderles decir qué siente Él cuando ve que su sacrificio en la cruz  no se perdió y sigue llegando a través de nosotros a más y más almas; compartirles qué siente de ver que las puertas de los corazones se abrieron, que la piedra que tapaba el sepulcro de sus corazón está quitada y que dónde había muerte ahora hay vida”, compartió el padre Nuñez.

Reiteró que todos deben estar agradecidos con Dios, y puedan contemplar, creer y entender que ahí no se termina la misión, ni se puede frenar; es lo contrario llevar esa misión a cada una de sus  propias realidades que viven; quitar la superficialidad de las acciones tratando de quedar bien con el otro, y sobre todo estar atento a las tentaciones que siempre acechan para erradicar el pecado.

“Ojalá que la sangre de Cristo llegue a todas las partes del cuerpo de Cristo, esa sangre que quiere lavar las manchas del pecado; sangre que es bálsamo para curar las heridas y que sana lo que tiene que sanar”, y concluyó “Que no se apague ese fuego sino que arda fuerte que encienda todas las realidades y que Cristo viva en nuestra vida, en nuestra sociedad, en nuestros corazones”.

En el momento de las ofrendas diversos grupos entregaron además de el pan y el vino, distintos regalos que simbolizan sus jornadas de trabajo; uno de los momentos más entrañables fue la presentación de cuatro jóvenes que están listos para ingresar al candidatado en la Apostólica y continuar con su preparación para el sacerdocio.

Así terminó este gran festejo, donde el grito final lleno de gozo entre los misioneros y sus familias que los recibieron cantaron a una sola voz, ¡Viva Cristo Rey!