Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional

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La Iglesia quiere tener una nueva actitud más activa y acogedora hacia los jóvenes, que no son el futuro, sino el presente.

El domingo 28 de octubre en la Basílica de San Pedro, el Papa Francisco celebró la Misa de clausura de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos que de desarrolló en Roma del 3 al 27 de octubre.

En su homilía, Francisco indicó tres pasos fundamentales para acompañar el camino de la fe: escuchar, hacernos prójimos y testimoniar en nombre de Jesús.

Escucha

Este es el primer paso para facilitar el camino de la fe: escuchar. Es el apostolado del oído: “escuchar, antes de hablar”, escuchar “el grito del que pide ayuda”. ¡Qué importante es para nosotros escuchar la vida! Los hijos del Padre celestial escuchan a sus hermanos: no las murmuraciones inútiles, sino las necesidades del prójimo”.

 Acompañamiento

“Hacerse prójimo es llevar la novedad de Dios a la vida del hermano, acompañar al prójimo “en primera persona”, “ser capaces de salir de nuestros círculos para abrazar a los que “no son de los nuestros” y que Dios busca ardientemente.

Testimonio

“No es cristiano esperar que los hermanos que están en busca llamen a nuestras puertas; tendremos que ir donde están ellos, “no llevándonos a nosotros mismos, sino a Jesús”.

 

Resumen primera semana del Sínodo de los jóvenes: 

 

Resumen segunda y tercera semana del Sínodo de los jóvenes: 

 

 

Carta conclusiva:

Carta de los Padres Sinodales a los jóvenes:

“Nos dirigimos a vosotros, jóvenes del mundo, nosotros como padres sinodales, con una palabra de esperanza, de confianza, de consuelo. En estos días hemos estado reunidos para escuchar la voz de Jesús, “el Cristo eternamente joven” y reconocer en Él vuestras muchas voces, vuestros gritos de alegría, los lamentos, los silencios.

Conocemos vuestras búsquedas interiores, vuestras alegrías y esperanzas, los dolores y las angustias que os inquietan. Deseamos que ahora podáis escuchar una palabra nuestra: queremos ayudaros en vuestras alegrías para que vuestras esperanzas se transformen en ideales. Estamos seguro que estáis dispuestos a entregaros con vuestras ganas de vivir para que vuestros sueños se hagan realidad en vuestra existencia y en la historia humana.

Que nuestras debilidades no os desanimen, que la fragilidad y los pecados no sean la causa de perder vuestra confianza. La Iglesia es vuestra madre, no os abandona y está dispuesta a acompañaros por caminos nuevos, por las alturas donde el viento del Espíritu sopla con más fuerza, haciendo desaparecer las nieblas de la indiferencia, de la superficialidad, del desánimo.

Cuando el mundo, que Dios ha amado tanto hasta darle a su Hijo Jesús, se fija en las cosas, en el éxito inmediato, en el placer y aplasta a los más débiles, vosotros debéis ayudarle a levantar la mirada hacia el amor, la belleza, la verdad, la justicia.

Durante un mes hemos caminado juntamente con algunos de vosotros y con muchos otros unidos por la oración y el afecto. Deseamos continuar ahora el camino en cada lugar de la tierra donde el Señor Jesús nos envía como discípulos misioneros.

La Iglesia y el mundo tienen necesidad urgente de vuestro entusiasmo. Haceos compañeros de camino de los más débiles, de los pobres, de los heridos por la vida.

Sois el presente, sed el futuro más luminoso“.

Fuentes: Arguments y Vatican News