«¿Será que, después de todo, yo pueda ser sacerdote?»

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Santiago Mejía, L.C., nos cuenta sobre su vida y vocación

 

Nació el 20 de noviembre de 1984 en Bogotá, Colombia y creció en Jacksonville, Florida, en los Estados Unidos donde conoció el Regnum Christi. Fue colaborador durante unos meses en el 2006 e ingresó al noviciado de Colombia en febrero de 2007. Cursó dos años de humanidades clásicas en Salamanca, España. Realizó sus estudios de bachillerato en filosofía y en teología por el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum, en Roma. Emitió su profesión perpetua en enero de 2018. Desempeñó sus prácticas apostólicas como director del ECYD e instructor de formación en el Cumbres International School, Aguascalientes. Mientras cursaba estudios en Roma, colaboró en la oficina de comunicación internacional en la dirección general durante cinco años. Ahora realiza su ministerio como director del ECYD de la localidad de Guadalajara norte.

El 28 de septiembre de 2019 recibirá el orden del diaconado en Aguascalientes, México y será ordenado sacerdote en Roma el 2 de mayo de 2020.

¿Por qué eligió ser sacerdote?

Sencillamente porque Dios me llamó. Jamás pero jamás se me había ocurrido como niño o joven. No fue hasta después de una conversión fuerte y un llamado que me sorprendió bastante, y el contacto con el Regnum Christi, que se fue concretando en esta vocación específica. Suena a cliché, pero es totalmente cierto que tú no eliges ser sacerdote, Dios es quien no solo te elige, sino te tiene la paciencia y misericordia de apoyarte a perseverar en ese camino.

¿Cómo quiere que sea su sacerdocio?

En Cristo. Es decir, que la obra encomendada no sea mía, ni estorbada por mi pequeñez y debilidad, sino que realmente sea Cristo el que guíe cada esfuerzo.

¿Quién es para usted un sacerdote?

Ha habido tantos en mi formación inicial… tantos sacerdotes y padres de verdad que me han guiado con su ejemplo y también jalones de oreja. Podría nombrar muchos de mis hermanos legionarios de Cristo, tantos hombres que te dejan asombrado por su lucha en la misión, su apertura a la renovación del Regnum Christi, el tiempo dedicado a simplemente ser pastor, escuchar a las personas, celebrar los sacramentos, llorar con los que necesitaban un consuelo, defender a capa y espada lo esencial de la fe. No me atrevo a decir un solo nombre de “sacerdote” cuando tantos legionarios de Cristo han dejado una huella tan positiva en mi vocación y camino hasta aquí.

¿Cuáles momentos de su vida y de su historia personal lo llevaron a pensar en el sacerdocio?

En un momento de reconversión a la fe después de unos años universitarios un poco oscuros. Inició todo con un Cursillo de cristiandad. Es un cursillo típico de conversión que dura tres días y se basa en testimonios fuertes de vida cristiana y un caminito de seguimiento después de que terminas el retiro.

El último día del cursillo, dio su testimonio un diacono diocesano muy joven que estaba a unos meses de su ordenación sacerdotal. Antes de encontrar su rumbo, andaba “perdido” como joven empresario soltero con residencia en Las Vegas. Llegó a un punto de desesperación existencial, aunque tenía el “todo” que el mundo postmoderno propone como camino de felicidad plena. El hecho es que superó una decisión de suicidio, huyó a su casa, conectó con un grupo de jóvenes católicos prendidos con su fe y encontró el porqué de su vida. Al terminar su testimonio, por primera vez en toda mi vida consciente se planteó la pregunta en el corazón “¿Será que, después de todo, yo pueda ser sacerdote?”

El hecho es que después del cursillo esta pregunta no me dejaba en paz y se lo dije al director espiritual laico que los mismos cursillistas me sugirieron y que era amigo de familia. Resulta que este hombre era miembro del Regnum Christi y me contactó con los legionarios que hacían promoción vocacional en el sur de Estados Unidos y ¡el resto es historia!

A lo largo de estos años seguramente habrá vivido momentos difíciles y otros maravillosos, cuéntenos algo de ellos.

Quisiera hablar del momento de prácticas apostólicas en Aguascalientes, México. El trabajo formal giraba en torno al ECYD, pero el alma del apostolado era el trabajo en equipo de toda la localidad. Si hay un momento en el cual se cimentó el amor por el Regnum Christi, en que se hizo convicción el hecho de que mi sacerdocio como legionario de Cristo pasaba primero por mi familia, que sen􀆡as real amor por las personas que Dios te había encomendado de una u otra manera… fue ese. Ahí descubrí que ser pleno legionario de Cristo también era intentar ser un buen hermano para las consagradas y consagrados, era dedicar mucho esfuerzo por crear lazos de comunicación entre la familia, en transmitir la pasión por nuestra misión común. Ahí también amé más a Legión, a la que ya se le veían un poco más de sus debilidades y “manchas”. Lejos de ser algo que me alejaba, me enamoró más de la Iglesia y de la Legión. Como en cualquier matrimonio que comienza con esa ingenuidad que ve solo perfección en la novia y está lleno de ilusión poco realista… y que poco a poco elige amar de verdad cuando aparecen las imperfecciones, las discusiones, los fallos. El amor se hizo más profundo y me llevó a elegir con mayor conciencia, realismo, y a estar dispuesto a prestar el hombro para luchar y empujar… Esta dinámica fue recíproca.

¿Qué ha sido lo que más le ha ayudado en su vocación?

Tener, de verdad, hermanos, hermanas y padres espirituales en el Regnum Christi. Momentos reales donde sentí que fueron muleta para mí, que solo seguía caminando por sus oraciones y por su apoyo real, sin miedo de “vulnerabilizarme”, y también momentos en los que realmente sentí que yo era muleta para otro, un apoyo real en el camino de mis hermanos y hermanas. Esta familia se sostiene por el amor, paciencia y unión de oración que nos tenemos.

Un Santo para imitar

Juan Pablo II. Siento que vivió a fondo cada etapa de su vida y sigue hablando al corazón de muchos.

¿Qué le gustaría aportar como sacerdote a la familia del Regnum Christi?

Mi oración y esfuerzo por ser hermano y padre de verdad.